Las 4 estaciones del marketing político

Por: Daniel Eskibel

En política hay 4 tiempos muy diferentes. Son 4 etapas que se van sucediendo unas a otras al ritmo de los acontecimientos políticos. Y a cada una de ellas corresponde una tarea diferente. Por lo tanto la estrategia de marketing político debe ser, en cada caso, también única y diferente.

Adecuación de la estrategia al contexto político

Invierno.
Lluvia. Viento. Nieve. Frío. Desolación.
Tendida sobre la arena al costado del mar, y con ropas muy livianas, una persona toma el sol despreocupadamente.

Verano.
Calor agobiante. Sol que horada las piedras. Pesadez asfixiante.
Recluída en su habitación, y abrigada al extremo, una persona enciende la calefacción y la pone al máximo.

¿Qué tienen en común estas 2 personas?
Que no logran adaptarse al contexto, al entorno, a la realidad. Y actúan a contrapelo de ella.

Son ejemplos raros, de esos que se ven poco. Aunque hay un ámbito donde son más comunes.
Sí. Adivinaste. En la política.

Porque la política tiene 4 estaciones pero muchos políticos actúan como si solo existiera una.

Cuando digo que la política tiene 4 estaciones me refiero a que tiene momentos diferentes, cada uno de ellos con su propia lógica y con sus tareas específicas. Momentos que se van alternando y ante los cuales es necesario adaptarse.

Los 4 momentos de la política

Son 4 los momentos fundamentales que atraviesan una y otra vez las formaciones políticas:

  1. El verano de la campaña electoral
  2. El otoño de la desaceleración post-electoral
  3. El invierno de la campaña política estable entre dos elecciones
  4. La primavera de la aceleración pre-electoral

El verano de la política es el tiempo de la acción abierta, decidida, permanente. Es el momento de disputar los votos, las voluntades, la opinión pública. Es tiempo de cosechar. Tiene mucho de vértigo, de movimiento, de velocidad. Allí se trata de hacer, de actuar, de ejecutar. No hay tiempo que perder. Casi que no hay tiempo para pensar.

El día de las elecciones presidenciales suele ser el último día de ese verano político. Un tiempo intenso que abarca una campaña electoral (a veces más de una) y también alguna pre-campaña implícita o explícita.

El invierno político, por el contrario, suele centrarse en torno al punto medio del mandato de gobierno. El interés público por la política decae, la motivación también, y suele ser tiempo de repliegue. Hay que prepararse, capacitarse, organizarse. Es también, como todos, un tiempo de acción. Pero acción más gris, menos espectacular, menos llamativa. Acción de aprovisionamiento. Es un tiempo para fortalecerse de tal manera que se esté listo para el combate cuando llegue el verano.

También están las estaciones intermedias, claro. La primavera en la que se van calentando los motores de la movilización política, constituyendo un tiempo óptimo para planificar y trazar estrategias y líneas de acción. Y también el otoño en el que se va desacelerando, disminuyendo revoluciones, retrocediendo lenta y ordenadamente mientras se intenta sostener incólume la magnitud de las fuerzas propias.

4 estaciones, entonces. 4 tiempos muy diferentes. 4 etapas que se van sucediendo unas a otras al ritmo de los acontecimientos políticos.

El marketing político entre el contexto y la voluntad

Insisto en que las estaciones van al ritmo de los hechos políticos y no de la voluntad de los políticos. Porque ahí tenemos un error crucial: ir a contrapelo de las estaciones. No encarar las tareas que cada estación demanda sino creer que todo tiempo es igual a otro tiempo, y que basta con la voluntad para hacer unas cosas u otras.

¿Acaso no has visto políticos que a la semana siguiente de la elección hacen declaraciones públicas como si aún estuvieran en plena campaña electoral?
Algo así como tomar sol al borde del mar y casi sin ropa en pleno invierno.

Pues no.
Que las tareas de marketing político deben ser las correspondientes a la estación.
Lo cual es lo mismo que decir las correspondientes al momento político.

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Fuente: Blog Maquiavelo&Freud